La puerta
Acurrucada debajo de la tarima de remate de esclavos, Stella esperó que el mercado quedara a oscuras y las últimas voces se perdieran en el laberinto de callejones laterales. Tenía las piernas acalambradas y su corazón latía más fuerte que los tambores del Gran Molok Khun. Cerró los ojos, dos hilos de sudor caliente se desprendieron de su flequillo, deslizándose por su cara y rodeando el cuello como serpientes letales, su garganta se cerró... no voy a ser capaz de cantar... susurró, tragando una bocanada de aire fétido que se desprendía de la pila de basura a su alrededor. Hizo un esfuerzo por recordar …Om bhur bhuvaha svaha… tarareó tratando de articular las palabras que le había enseñado la Voz, y que tantas veces había practicado - en sus sueños. Nadie cantaba en Narak Lokh, estaba prohibido, desde antes que la abuela de su abuela naciera. Contaban, en secreto, que fue después de la llegada de Teshub y la muerte del dragón Illuyanka . Desde entonces, ...