La puerta
Acurrucada debajo de la tarima de remate de esclavos, Stella esperó que el mercado quedara a
oscuras y las últimas voces se perdieran en el laberinto de callejones laterales. Tenía
las piernas acalambradas y su corazón latía más fuerte que los tambores del Gran Molok Khun. Cerró los ojos, dos hilos de
sudor caliente se desprendieron de su
flequillo, deslizándose por su cara y rodeando el cuello como serpientes
letales, su garganta se cerró... no voy a ser capaz de cantar... susurró,
tragando una bocanada de aire fétido que se desprendía de la pila de basura
a su alrededor. Hizo un esfuerzo por recordar…Om bhur bhuvaha svaha… tarareó tratando de articular las palabras
que le había enseñado la Voz, y que tantas veces había practicado - en sus
sueños. Nadie cantaba en Narak Lokh, estaba prohibido, desde antes que la
abuela de su abuela naciera. Contaban, en secreto, que fue después de la llegada de Teshub y la muerte
del dragón Illuyanka . Desde entonces, el templo había
sido abandonado, y la puerta cerrada por dentro. No había forma de entrar, ni
una ranura por la que se pudiera espiar.
Los dioses la sellaron al retirarse… decían
los ancianos que algo recordaban.
Y ahí estaba ella, frente a la gran puerta del templo,
agazapada, muda, paralizada y confundida, ya ni recordaba cómo y porque había
llegado ahí. Inútil hurgar la memoria.
Su mente estaba congelada. La Voz le
había dado la llave, las palabras, la melodía debía descubrirla ella, practicando, jugando… dijo una
noche la Voz
¿Un juego? Esto no era juego. Podía sentir al Señor de la Muerte
susurrando…Stella memento morti.
No. No quería morir en vida.
Sed vivere victus,
sine gloria, uti morior quotidie est… Se escuchó contestar, mientras se erguía con fuerza y salía de su escondite. ¿De dónde venían estas palabras en un idioma que desconocía? ¿De dónde surgía ese viento invisible que la empujaba al templo?
La muerte es… nada.
Vivir oprimida, es morir en vida, cada día.
Stella se lanzó hacia su meta.
¡Soy libre! Rugió desde sus entrañas al desplomarse frente al portal del
templo.
Respiró.
Ki Jay Stella
La Voz había vuelto y le susurraba cada vez más claro....
Om bhur bhuvaha svaha
Tat savitur varenyam
Bhargo devasya dhimahi
Dhiyo yonah
prachodayat
Stella comenzó a repetir las palabras con fe, y la
melodía surgió sola…
Cantó y cantó… y… despertó a los vecinos. Los niños fueron los primeros en unirse a su canto. Cada uno siguiendo su propia melodía. Todos juntos eran una hermosa, heterogénea, sinfonía.
Todos los pobladores de Narak Lokh se reunieron junto al templo,
rompiendo el tabú.
Cantaron y cantaron.
Cantaron y sonrieron.
Y así, de repente, la puerta del templo se abrió de par en par. Juntos entraron, cantaron y celebraron. No había nada, pero estaba todo. Vacuidad y plenitud.
Sorpresa.
Un trueno sacudió las paredes el templo, y el canto se
mezcló con los disparos de las armas de los soldados del Gran Molok Khun.
Torbellino de luces y sombras ; humo, llanto, risas y abrazos.
Silencio.
Nada.
Stella, Stella, Stella.. La voz se escuchaba cada vez mas cerca.
Stella, Stella... Un rostro querido comenzaba a dibujarse
frente a ella…
La calor del sol, el aroma a flores de naranjo, el canto de
los mirlos…. es primavera, comprendió
Stella sintió alivio. Nada y todo había cambiado.
Estaba en casa.

Comentarios
Publicar un comentario